Page 112 - Identificación de las unidades paisajísticas y fenómenos de alto valor ecológico en el predio Santa Marta: orientaciones para proyectos de desarrollo sostenible
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Informe Ambiental de la Cuenca del Río Rocín: contrastes entre la
                  biodiversidad, importancia socio-ecológica y su fragilidad


                             La Cordillera de los Andes se extiende por sobre América del Sur, desde la Patagonia

                  hasta Venezuela, alcanzando una extensión de 7240 Km, lo que la convierte en la cadena montañosa
                  más larga del mundo (Espinoza, y otros, 2020).  Indudablemente, esta característica ha concitado el

                  interés de muchos investigadores, quienes han contribuido con importantes hallazgos, como por
                  ejemplo, los realizados por Cleef (1978), quien destaca las sorprendentes similitudes de la flora

                  perteneciente a climas subantárticos,  con la flora tropical andina en los páramos del norte del
                  continente sudamericano  (Venezuela, Colombia, Ecuador y  Perú).  Otros estudios como los

                  realizados por Troll y Lauer (1959, citado por Simpson en 1983), muestran que los andes australes,
                  dentro de un bioma dado, presentan una secuencia de cinturones altitudinales que se caracterizan

                  por los cambios en su taxonomía florar, que entregan una amplia variedad de especies vegetales.
                  Esto es ratificado por las expediciones realizadas por Augusto Weberbauer (1945), quien describió

                  alrededor de 5.200 especies en los Andes peruanos. En tanto, en el Chile austral, central e insular,
                  destacan las investigaciones realizadas por Karl Skottsberg  entre  1900 y  1960, destinadas al

                  reconocimiento de nuestra flora (CONAMA, 2008).


                  Esta importante conformación vegetal, tuvo sus  orígenes  en comunidades locales que se
                  diferenciaron durante la sub era cenozoica, bajo condiciones ambientales moderadas y modeladas

                  por la inserción climática del plio-pleistoceno. Luego tomaron su configuración actual a partir de los
                  fenómenos de glaciación e interglaciación del período cuaternario, lo que generó la distribución y

                  discontinuidad de la flora entre los Andes Centrales o  mediterráneos y  también de  los Andes
                  Altiplánicos, siendo estos últimos quienes actuaron como barrera para la expansión norte sur de la

                  biota (Villagrán et al., 1983).

                  Actualmente, la flora resultante de dicho proceso, en lo que respecta a la Región de Valparaíso, se

                  encuentra bajo la influencia del bioclima mediterráneo xérico-oceánico, el cual se extiende desde el

                  paralelo 31°S (Coquimbo)  hacia  el sur,  abarcando  desde las zonas costeras, hasta las  faldas
                  cordilleranas de los Andes. A partir del paralelo 32°S,  aparece  el bioclima mediterráneo
                  pluviestacional-oceánico, desde los Andes hacia el occidente, el cual restringe la distribución del

                  anterior bioclima, al interior de la región hasta los 34°S. Sin embargo, en lo que respecta a la cuenca

                  del río Rocín, ésta se ubica bajo la influencia del bioclima mediterráneo pluviestacional-oceánico,
                  siendo éste el de mayor extensión dentro del macro clima mediterráneo, incluyendo los ombrotipos

                  seco, subhúmedo y húmedo y todos los tipos de termotipos (Luebert & Pliscoff 2017).  Su vegetación






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