Page 106 - Identificación de las unidades paisajísticas y fenómenos de alto valor ecológico en el predio Santa Marta: orientaciones para proyectos de desarrollo sostenible
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Informe Ambiental de la Cuenca del Río Rocín: contrastes entre la
biodiversidad, importancia socio-ecológica y su fragilidad
Uno de los problemas reconocidos desde hace décadas, en todo Chile mediterráneo, es su escasa
representatividad del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE), incluidas
las zonas de montaña. En toda la cordillera, desde los 30º a los 36º de latitud Sur, existen apenas 10
unidades protegidas administradas por el Estado, 2 Monumentos Naturales, 1 Santuario de la
Naturaleza, 6 Reservas Nacionales y 1 Parque Nacional. A esta precaria condición se suma que la
sección norte de este tramo latitudinal cordillerano es claramente pobre en preservación activa. Por
ejemplo, la región de Coquimbo cuenta sólo con el Monumento Natural Pichasca, mientras que, en
la región de Valparaíso, sólo se cuenta con la Reserva Natural Río Blanco.
Aparte de esta Reserva, la conservación en la cordillera de Valparaíso se encuentra exclusivamente
a cargo de privados que, con muchas dificultades y muy poco apoyo estatal, logran sacar adelante
esta intención, como son los casos del Santuario de la Naturaleza Serranía del Ciprés y el Parque
Juncal Andino. Esta situación precaria en áreas de conservación deja en total desprotección el
abastecimiento de todos los cursos de agua superiores y los valles nevados que los generan. Y al
mismo tiempo, no se condice con la alta biodiversidad de la zona.
Esto, agravado por los efectos del cambio climático (ya sea regional o global), muestran una sequía
que ya se acerca a los 20 años, sin indicios de parar o entrar en un régimen de reversión hacia una
mayor precipitación invernal y consecuente recarga de los acuíferos y recuperación de la vegetación
nativa. En efecto, el esquema de preservación de ecosistemas en la región de Valparaíso,
desplegado por la Estrategia Regional para la Conservación de la Diversidad Biológica de CONAMA-
PNUD (2005), arroja un potencial ya reconocido de mejor representatividad de ecosistemas a través
de identificación de sitios prioritarios, los cuales en su conjunto abarcan 328.455 ha de ambientes
de costa y montaña, así como valles interiores, que en su conjunto proveen a la población humana
de cuantiosos servicios ambientales.
Por el contrario, las áreas protegidas formalmente reconocidas, no alcanzan en superficie las 28.000
ha. A partir de datos preliminares, una propuesta convergente ofrece también, el proyecto GEF-
Montaña (2021) con cerca de 400.000 ha distribuidas en más de 800 sitios de alta biodiversidad,
que conforman importantes corredores biológicos de montaña entre las regiones de Valparaíso y la
Metropolitana.
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